O novo rosto dos chilenos

Capa da revista chilena "Paula", sobre imigração no país .

El nuevo rostro de Chile

Desde hace algunos años, caminar por Santiago se ha vuelto una experiencia multicultural. No solo se escuchan otras lenguas en la calle, también ha cambiado el paisaje humano, ampliado la gama cromática de pieles, de rasgos, de hábitos, de miradas. ¿Por qué han venido a Chile? ¿Qué hay aquí que quieren quedarse? ¿Qué traen ellos y qué nos aportan? ¿Cómo tratan los chilenos a los nuevos forasteros? En estas catorce historias, ellos lo cuentan.

Por Carola Solari, Valentina Rodríguez, Almendra Arcaya y María José Salas / Fotografía: Alejandro Araya, Rodrigo Chodil, Carolina Vargas, Sebastián Utreras y Christian Guzman / Producción: Álvaro Renner


Paula 1207. Sábado 27 de agosto de 2016.

 

Antes muerta que sencilla

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Siete Miss Universo y seis Miss Mundo. Venezuela ostenta 13 coronas, más títulos de belleza que ningún otro país del planeta. “Las venezolanas crecemos con una particular preocupación por la belleza, que nos inculcan nuestras madres. Cuando niñas nos graban a fuego el lema ‘antes muerta que sencilla’. Por eso, a la mujer venezolana le puede faltar dinero para comer, pero para la peluquería ¡nunca jamás!”, dice Marleny Díaz (64, publicista), quien decidió vender todo lo que tenía en su país (casa, auto y negocio) y se vino a Chile hace siete años escapando de la crisis. Junto a su hija Jealmar Kremisisky (38, ingeniera electrónica) abrió hace nueve meses la peluquería Salexa, que ellas mismas atienden. Es la más pequeña pero solicitada de la galería Providencia 2550, donde llegan a diario venezolanas, colombianas, argentinas y cada vez más chilenas. “Aquí trabajamos el pelo, las manos, las cejas y el maquillaje al estilo venezolano: todo bien producido, bien vistoso, bien arreglado. Nada se hace por encimita”, dice Marleny. Y su hija agrega: “con el boom de la llegada de venezolanas y colombianas, la mujer chilena se ha ido contagiando con nuestra estética y cada vez se están preocupando más. Al principio llegaban pidiendo reflejos que no se notaran, querían un corte, ‘pero que sea bien poquito’; querían un maquillaje, ‘pero lo más natural posible’; y nosotras les decíamos: pero chama, la idea es que se vea. ¿Vamos a estar dos horas con las tinturas en la cabeza para que nadie lo note después? Si vienes a la peluquería es para que se luzca el cambio, para que te veas chévere. ¿Qué gracia tiene salir de aquí igual a como entraste?”.

Siete naciones en una sala

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En el 1°A del Liceo Miguel de Cervantes de Santiago hay un alumno chino, un haitiano, un colombiano, un dominicano, dos argentinos y 17 peruanos. Es decir, de los 36 niños que componen el curso, 23 son inmigrantes o hijos de inmigrantes. “Yo soy chinito y también chileno”, grita Vicente Liu Tan (7), quien asiste con sus papás a las reuniones de apoderados para poder traducirle a la profesora lo que dicen sus padres, que no hablan una gota de español. “Yo soy dominicana, pero como vivo en Chile soy chilena también”, interrumpe Charleny Manzueta (6), jugando con las más de veinte trenzas que lleva pegadas a su cabeza.

La directora del liceo, donde actualmente hay alumnos de 35 nacionalidades, explica que a los niños les encanta el hecho de venir de diferentes partes del mundo: “Es algo que los motiva a aprender. Si un compañero peruano llega a la clase de música con una zampoña, todos los compañeros la quieren tocar”, explica. El contraste de orígenes ha transformado la manera de hacer las clases de los profesores: en Lenguaje se habla de al menos un autor de cada país y en Historia se repasan los grandes hitos y la geografía de sus países. El 21 de mayo se resaltan a los héroes de Perú y Chile, y cada año se realiza una feria intercultural donde comparten arte, música y gastronomía de cada país. Ahora planean enseñar a todos sus alumnos el himno peruano, para acompañar el chileno. “Espero que en unos años más todos se sepan los himnos de todos. Si hay algo de lo que la educación pública va a poder jactarse, es de haber aportado a una educación integral sin discriminación”, asegura Brito.

La única togolesa

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Quamba Cataria-Okouetevi (29) es la única togolesa que vive en Chile. Es periodista y contadora y llegó a Chile buscando refugio político hace 4 años. “Fui una de las muchas concubinas del presidente de mi país y un día en un programa de radio hablé en contra de él y de su gobierno. Después de eso comenzó una persecución y me amenazaron de muerte. Tuve que salir arrancando”, cuenta en un español que apenas se entiende. Un contacto suyo gestionó su salida a algún país donde no existieran conexiones con Togo; terminó llegando a Calama. Quamba no tenía idea dónde estaba y no entendía el idioma; ella solo hablaba algo de francés y el dialecto de su país llamado mina.

En el aeropuerto, después de horas, encontraron a una mujer que hablaba francés, que le ofreció llevarla a San Pedro de Atacama para un trabajo. “Fue un infierno, ella me llevó para que me prostituyera en San Pedro y como no quise, me quitó todas mis cosas y me dejó tirada en la calle. Fue horrible: un chileno abusó de mí y viví por cinco días en un auto abandonado”, recuerda con lágrimas en sus ojos. Luego consiguió trabajo como empleada doméstica y pudo regularizar su situación con ayuda del Centro de Atención al Migrante de Santiago y tramitar sus papeles como refugiada política. “Todos los días rogaba ayuda para encontrar a alguien de mi país aquí, pero me decían que era la única. Hasta que me ofrecieron contactar a algún  africano y ese día fui la persona más feliz del mundo. Sentí un alivio en el pecho”, recuerda. Se reunió con un congolés y cuando lo vio lo abrazó por largos minutos y, por fin, se lanzó a hablar sin parar. Hoy, Quamba está casada con un chileno, tuvieron a Josué, su primer hijo, y abrieron un almacén al lado de su casa en Macul. “Gracias a mi marido y mi hijo me reconcilié con la vida y ya no me siento sola en Chile”, dice.

La fantasía de las chilenas

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El animador dominicano Philippe Noel (37) y el boxeador nigeriano Henry Churchill (37) –también conocido como el Negro Mafla–, son los vedettos más solicitados de Chile. Ambos trabajan como strippers en la discotheque Grammy de Ñuñoa y son parte del staff de vedettos en vedettosvip.cl. Además, hacen eventos privados y sus agendas están copadas. “Las chilenas se vuelven locas, porque somos de color y lo único que quieren es corroborar si es que el mito de que los negros somos mejores dotados es cierto o no”, cuenta Philippe.

Philippe llegó a Santiago hace 7 años para animar dos eventos de un chileno que lo contrató luego de verlo en un show en Cancún. Henry llegó a Osorno diez años antes por una competencia de boxeo: “En esa época no había gente de color aquí; éramos únicos, totalmente novedosos y las mujeres nos adoraban”, cuenta. Ambos decidieron quedarse en Chile. Henry saltó a la fama cuando participó en la vedetón de la Teletón de 2003. Trabajó con Felipe Camiroaga como bailarín en el programa Novios Dulce Condena y en Morandé con Compañía. También ha hecho comerciales y es muy cotizado en las despedidas de soltera; de hecho, animó la de Pamela Díaz. “Los negros somos más alegres, tenemos más gracia y humor, eso es lo que en realidad cautiva a las mujeres de acá”, dice Henry. Philippe agrega: “Nosotros conocemos el verdadero yo de las chilenas, porque ellas viven muy reprimidas en el día a día. En cambio, en las despedidas de soltera, se atreven a hacer y decir lo que quieren y ahí se desatan. La chilena sí tiene mucha personalidad”.

 

Orar y cantar en Quilicura

Especial inmigrantes, Revista PAULA. Agosto del 2016

En Estación Central, Independencia, Pedro Aguirre Cerda y Quilicura, las comunas donde se han ido instalando los inmigrantes que vienen de Haití, hay 20 iglesias donde cada domingo llegan a celebrar cultos evangélicos vestidos muy elegantes: los hombres con ternos blancos o negros y corbatas de colores y las mujeres con vestidos de dos piezas y el pelo trenzado con cintas, igual que las niñas que asisten.“El culto del domingo es el momento más importante de la semana. Es una celebración y a las celebraciones se debe ir con la mejor ropa y ánimo”, dice Adrien Joubert, encargado de la primera Iglesia Evangélica haitiana creada en Chile.

Especial inmigrantes, Revista PAULA. Agosto del 2016

Aunque por fuera parece una casa sencilla, la iglesia de Quilicura, donde este domingo los haitianos celebran el culto evangélico (que dura tres horas), es una gran fiesta en su interior. El canto es un elemento fundamental en la expresión de su fe. Durante una hora y media entonan, en creole, canciones de alabanza siguiendo ritmos de reggae, funky y góspel. Junto al altar hay una banda formada por un guitarrista, un bajista, un baterista y varias coristas. Los asistentes cantan, muchos aplauden, levantan los brazos o lloran. “La música es la manera más pura de acercarnos a Dios. Es un acto de liberación y conexión con él”, explica Adrien. Luego de los cantos, el pastor predica la palabra de Dios con un tono fuerte y marcado. Todos escuchan en silencio. Cuando termina la celebración, a las 11 de la mañana, algunos regresan a sus casas, mientras la mayoría se queda media hora más estudiando la Biblia.

 

Fonte:http://www.paula.cl/reportajes-y-entrevistas/nuevo-rostro-chile/

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